Blog de Bienestar de Alma Vida
¿Atrapada en el "me gustaría"? Descubrí cómo pasar del simple deseo a la acción con voluntad y amor propio.
¿Cuántas veces te encontraste diciendo cosas como: "Me encantaría empezar meditación", "Tendría que hacerme un tiempo para mí" o "Ojalá pudiera bajar un cambio con el estrés"?
A mí me pasó mil veces. El deseo es hermoso, es cómodo, es tibio. Nos permite viajar con la mente a un lugar donde ya estamos bien, relajados, transformados. Pero el deseo, si se queda solo en eso, es un poquito tramposo: nos da la ilusión de movimiento mientras seguimos sentados en el mismo sillón de siempre (y muchas veces, con los mismos niveles de ansiedad).
Hace unos días me topé con un proverbio chino ancestral que me dejó resonando el corazón. Dice así:
“Las grandes almas tienen voluntades, las débiles tan solo deseos”.
Fuerte, ¿no? Al principio te puede sonar un poco rígido, casi como un reto. Pero si lo miramos con los ojos del autoconocimiento, es un abrazo de realidad que nos empodera. Nos invita a hacernos una pregunta super incómoda pero también sumamente necesaria: ¿Estamos habitando nuestros deseos desde la ilusión o desde el compromiso real con nosotros mismos?
El deseo es un impulso. Es esa chispa que se enciende cuando vemos una foto de alguien meditando frente al mar o cuando leemos sobre los beneficios de la autoescucha. Pero la voluntad es otra cosa. La voluntad es lo que te hace estirar el mat de yoga un martes a las siete de la tarde cuando afuera hace frío y tuviste un día eterno en la oficina.
Ya lo decía el gran Carl Jung:
“No te convertís en un ser luminoso imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente tu propia oscuridad”.
Y trasladado a nuestra vida cotidiana, no reducimos el estrés deseando la paz, sino teniendo la voluntad de respirar consciente cuando el mundo de afuera quema.
La sabiduría oriental siempre puso el foco en que el carácter y el bienestar no se decretan: se construyen. La voluntad no es esa "fuerza bruta" que nos exige sacrificarnos hasta el agotamiento (eso sería seguir en la rueda del estrés). La voluntad, desde una mirada holística, es un acto de amor propio sostenido. Es el hábito de elegirte.
Te propongo que cerremos los ojos un segundo (bueno, metafóricamente, ¡así podés seguir leyendo!). Pensá en esa área de tu vida que hoy te pesa, donde sentís que el estrés te está ganando.
No buscamos grandes epopeyas. No hace falta que mañana te vayas a vivir a un ashram. Las grandes almas se construyen en lo pequeño: cinco minutos de reloj para respirar antes de prender la computadora, apagar las pantallas media hora antes de dormir, o aprender a decir "no" sin culpa. Eso es pasar del deseo a la voluntad.
Salirse de la zona de confort da miedo, obvio que sí. El deseo nos mantiene seguros en lo conocido, aunque lo conocido nos duela o nos estrese. La voluntad es la que te toma de la mano, te abraza y te dice: "Dale, vamos, yo te acompaño, vos podés".
¿De qué lado elegís pararte hoy?
Categorías: : Bienestar, Consciencia, Crecimiento personal, Espiritualidad Práctica
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